lunes, 14 de julio de 2014

La Chispa De La Vida de Álex De La Iglesia (2011)

Roberto Gómez (José Mota) es un publicista que ha pasado los cuarenta y se encuentra sin trabajo. Son malos tiempos para España, se sabe, la crisis golpea a todos y para Roberto ya son varios años de llevar para aquí y para allá su curriculum vitae, sintiéndose humillado al volver a casa junto a su esposa (Salma Hayek) sin resultados. Por fin, decide pedir ayuda a un amigo dueño de una exitosa agencia (con el que comenzarán juntos antes de que Roberto se largara como free lance) pero las cosas no terminan bien. Bastante desnorteado, viaja a Cartagena con la intención de volver a lugares más felices y ocurre un estúpido accidente que lo pone, de golpe y porrazo, en la mira de la atención pública, los medios y las intenciones políticas.

Estrenada en nuestro país con 3 años de retraso, La chispa de la vida supone el regreso del mejor Álex de la Iglesia- del que hasta hace poco se podía ver la posterior Las Brujas de Zugarramundi, probablemente su peor película hasta la fecha- apoyado en un estupendo libreto del estadounidense Randy Feldman (autor de la mítica Tango & Cash, nada menos). De la Iglesia se cuenta entre los más interesantes directores del cine español y sí le podemos perdonar patinadas recientes es porqué recordamos sus grandes éxitos, tales como El día de la bestia (1995), 800 Balas (2002), Los crímenes de Oxford (2008), Crimen Ferpecto (2004) o probablemente la que es su obra maestra, Muertos de risa (1999), todas ellas poseedoras de un humor poderosamente negro, coqueteos con la escatología, situaciones delirantes y las mejores líneas de diálogo que ha visto el cine español, sólo comparables con los mejores momentos de Almodovar. En La chispa de la vida, nos engaña en un principio, ya que las coordenadas del filme parecen apuntar mucho más al drama, pero cuando la situación avanza y se desarrolla, y se va poniendo sencillamente delirante, da rienda suelta a un humor negro- mejor dicho, negrísimo- no apto quizá para todos los espectadores.

Roberto se ve en el ojo de una tormenta mediática, dónde su accidente puede significar el trabajo de muchos, pero además existe la posibilidad de que muera en vivo y en directo. El morbo es la condición humana más innegable por mucho que nos avergüence y allí están todas las televisoras prontas a pagar fortunas por la exclusiva. Feldman y De la Iglesia parecen combinar dos grandes hitos del cine universal como son Ace in the Hole (Billy Wilder, 1951) y La muerte en directo (Bertrand Tavernier, 1980), pasarlos por el tamiz de su humor negro y generar una sátira salvaje a los medios, mostrar una situación increiblemente verosímil de histeria colectiva (juro que cuando aparecen personas y personas con el cartel de "Todos somos Roberto" miré la fecha de estreno de la película, dudando de si no se habían inspirado con todo lo que rodeó- y aún rodea- el mordisco de Luis Suárez) y generar amén de todo esto, un tenso ejercicio cinematográfico.

Ayuda, y mucho el elenco. El protagónico de Mota es impecable, pero además hay buenísimos secundarios en Blanca Portillo, como la esmerada directora del museo donde ocurre el accidente, Juan Luis Galiardo, como el escurridizo alcalde de Cartagena y muy especialmente, Fernando Tejero, como Johnny, un horripilante avechucho publicista. De todos, la que desentona es Hayek, algo sobreactuada, pero además en un registro de actuación por completo diferente al del resto del elenco. Mal dirigida, quizá.

De la Iglesia vuelve a demostrar porqué es uno de los mejores directores del momento. Con una historia más medida de lo habitual, presenta una cruda radiografía de la especie humana, capaces de todo por el dinero, el poder o los quince minutos de fama. Aunque también capaces de tener compasión, amor y, en las situaciones más extremas, dignidad. 4. Por Fito.

Puntajes:

Federico: 3

Fito: 4

Gastón:

Leo:

Martín: 2

Rodrigo:

Promedio Tripartito: 3.00

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