martes, 19 de abril de 2016

Steve Jobs de Danny Boyle (2015)

El guión de la más reciente biopic sobre Steve Jobs (basado en la biografía de Walter Isaacson  que fuera autorizada por Jobs, en su momento), parece el de una obra de teatro. La acción depende del diálogo. Los personajes se construyen a sí mismos hablando, nunca los vemos hacer nada, sino referirse las cosas que hicieron. Esto le impone a la historia un carácter indirecto sumamente frío y distante. Hay buenas interpretaciones, sí, a esta altura no es decir nada nuevo afirmar que Fassbender siempre rinde y que Kate Winslet suele estar a la altura de los papeles que elige. Merecen ser destacadas, también, las actuaciones de Seth Rogen como Steve Wozniak y de Jeff Daniels como John Sculley. ¿Qué falla, entonces? Además de la frialdad de lo que muestra, la película aparece como una serie de pantallazos artificiosos que se queda corta en casi todo lo que se propone: por un lado, mostrar la talla doble de Jobs en tanto genio del marketing moderno (los genios informáticos eran otros) y su papel en la revolución masiva de las tecnologías de la comunicación; por otro, ofrecer esa especie de desarrollo arbóreo de las relaciones personales (tantas veces despóticas) de Jobs con sus amigos y socios, o el vínculo con la hija que durante tanto tiempo no quiso reconocer, o con cualquiera a su alrededor. La idea de ir dando saltos temporales entre presentaciones de productos es una decisión creativa que se apoya en la fragmentariedad, pero que atenta contra las posibilidades de ofrecer una mirada más penetrante sobre el hecho de que un hombre como Jobs se haya convertido en uno de los máximos referentes contemporáneos a fuerza de vender millones de dispositivos electrónicos. Hay un punto curioso que convendría atender: la película no fue bien recibida por la gente de Apple, al extremo de que el consejero delegado de la multinacional, Tim Cook, dijo que Boyle y su equipo eran unos “oportunistas”. ¿Cuál fue la respuesta del equipo? Aaron Sorkin, algo así: "Si tienes una fábrica llena de niños en China montando teléfonos por 17 céntimos la hora, hay que tener huevos para llamar oportunista a alguien más". Curiosamente, este detalle, la forma en la que las multinacionales como Apple explotan deliberadamente la mano de obra barata del sudoeste asiático (por no hablar de la forma en la que participan de los conflictos bélicos en África, de donde se obtienen los materiales imprescindibles para sus dispositivos), se mantiene en un discreto fuera de cuadro en la película. 2. Por Leo.

Puntajes:

Federico:

Fito:

Gastón:

Leo: 2

Rodrigo:

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